Testimonios
Cómo Dios ha obrado en algunos de los que formamos CEGLA
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En todas partes del mundo encontramos numerosos testimonios que tienen mucho en común con las historias personales de muchos de nosotros que por tener una orientación sexual distinta, hemos estado expuestos al desprecio y al abuso por parte una sociedad y una religión nuestra propia religión cristiana - intolerante y poco compasiva, donde el amor inclusivo de Jesús no está presente y su mensaje para los marginados dista significativamente del que encontramos en el evangelio.
En otras palabras, una religión que se encuentra cómoda y confortable repitiendo los mismos esquemas y discursos de hace siglos sin ni siquiera cuestionarlos en su base bíblica desde la perspectiva, la comprensión y el conocimiento del siglo XXI y que como consecuencia de ello profiere inmenso daño tanto psicológico como espiritual a aquellas personas que no encajan en el supuesto

standard de justicia de la religión legalista amante del literalismo bíblico - por supuesto, cuando le es conveniente-. En algunos países del mundo, son cada vez mas los que comprenden que Dios nos recibe a todos y que desea para cada uno de sus hijos una vida abundante y plena en Cristo, enseñándonos que lo que él creó es bueno y que todo lo que nace del amor es de Dios y que toda la Ley se resume tan sólo en amar Dios y al prójimo como a uno mismo.

A continuación hay distintos testimonios que queremos compartir con vos

Marcelo Sáenz - Coordinador General de CEGLA
Desde niño conocí el amor de Jesús en la única iglesia evangélica del pueblo donde vivía con mis padres. Allí se instaló en mi la semilla del evangelio, que tanto influyera en mi vida hasta el día de hoy.
Al mismo tiempo, en los años de mi adolescencia comencé a percibir que a diferencia de mis amigos y compañeros, no me sentía atraído hacia el sexo opuesto mientras que en cambio sentía una especial atracción hacia los de mi mismo sexo. Con el tiempo me fui dando cuenta que esa diferencia se llamaba homosexualidad y que tal como se nos enseña desde temprana edad, se trataba de una condición vergonzante, reprobable y pecaminosa....¿quien puede querer realmente esto cuando los demás esperan que un día nos enamoremos de una mujer, nos casemos, formemos una familia y tengamos hijos?
El camino que tenía por delante no era fácil, ¿a quien contarle nuestra miseria, cuando todos necesitamos ser aceptados y amados por los demás y no rechazados? Así comenzó en mi vida una lucha conmigo mismo llena de autodesprecio, culpa y rechazo por mi persona que poco a poco se fue transformando en una intensa angustia que en ocasiones hasta solía somatizar de distintos modos.
Ante los demás tenía que simular ser como ellos, lo cual es por momentos insoportable. ¡Cuantas veces sentía el deseo de desaparecer y salir corriendo para finalmente encerrarme en mi cuarto a llorar desconsoladamente en la soledad de mi secreto!
¿Porque Dios me había hecho de ese modo, si yo no lo había elegido? ¿Por qué Dios no contestaba mis oraciones?. Si yo despreciaba lo que entendía que Dios despreciaba de mí mismo y sin embargo no me “cambiaba”.
Ya más grande me animé a recurrir a un psicoterapeuta cristiano que luego de bastante tiempo y promesas vacías me hizo sentir que estaba igual que antes, fracasado y desesperanzado. Aunque sin embargo el me despidió creyendo que había logrado cambiarme.... ¿cómo decirle que no era cierto? si los que no logran rehabilitarse es porque no quieren o no tienen la fuerza de voluntad suficiente según ellos mismos dicen.
Más tarde pensé que un pastor, prestigioso consejero podría ayudarme más efectivamente. En ese tiempo escuché de su boca palabras que me parecieron muy sabias, pero que sin embargo luego pude comprender que estaban sumamente alejadas de la realidad.
Entre otras cosas se me aconsejó ponerme de novio y quizá si todo iba bien casarme. Lo intenté y por más empeño que puse no funcionó.
Cada vez me sentía más frustrado y desanimado. Recurrí a otro terapeuta también evangélico y tampoco sirvió.
Yo no quería ser homosexual, más aún rechazaba mis sentimientos hacia los hombres y me culpaba simplemente por tenerlos. Por la gracia de Dios hasta pasados los treinta años jamás tuve la más mínima relación sexual con ninguno.
Mi vida en Cristo era muy pobre aunque para los demás parecía todo lo contrario. Servía en la iglesia en todo lo que podía al punto que no tenía un minuto para distraerme. En realidad ese era un recurso inconsciente para escapar y negar mi propia realidad.
Finalmente llegó un momento en que mi desesperación fue insostenible, y allí Dios puso en mis manos un libro titulado: Lo que Verdaderamente dice La Biblia acerca de la Homosexualidad.
En poco tiempo puede comprender que las escrituras –contrariamente a lo que la iglesia en su pensamiento anacrónico enseña- no desaprueban todas las formas de homosexualidad y que en la Biblia no encontramos una orientación respecto de ella, ya que la misma desconoce el concepto de orientación sexual y el conocimiento de la homosexualidad como problemática humana escapaba sin duda a la comprensión de los autores bíblicos.
En rigor, La Biblia desaprueba aspectos relacionados con la conducta homosexual, es decir ciertos actos, al igual que lo hace con la conducta heterosexual.
Descubrir esta verdad, significó para mi una gran liberación. Pude aceptarme a mi mismo tal como Dios me había creado y contentarme con ello.
A partir de ese momento fui inmensamente beneficiado tanto espiritual como psicológicamente. Ya no estaba condenado a la soledad y a la angustia de saber que el amor era un imposible para mi vida. Todos nacimos con una necesidad de compañerismo y pertenencia que se realiza cuando encontramos al ser amado con quien decidimos compartir nuestra vida ...¡y eso también era para mí!... y La Biblia no nos cierra la posibilidad ética de procurar una relación seria y responsable basada en el amor y el compromiso mutuo. Pasaron casi ocho años, y ya hace siete que he encontrado a la persona con quien comparto mi vida justamente en esos términos.
Ahora gracias a Dios, mi vida tiene verdadero sentido y estoy feliz conmigo mismo y con el Señor.

Marcelo Sáenz (CEG- Buenos Aires)
Esther Baruja - Ex Coordinadora de CEGLA
"Un largo camino hacia la paz"

Quisiera compartir lo que pienso al respecto a la homosexualidad, no voy a pretender decir que sólo mi opinión es la verdad, no trataré de persuadirles de que piensen como yo, solo quiero contarles mi experiencia.
Tengo 33 años, soy de Paraguay, soy psicóloga clínica, no crecí en un hogar cristiano pero de alguna forma desde pequeña me llevaron a la iglesia por tanto siempre tuve noción de la existencia de Dios, pero no tenia una relación personal con él, tuve una adolescencia tranquila, con muchos amigos/as, primos/as con los que me divertía muchísimo, pero que a pesar del tiempo que pasaba con amigos no me gustaba ningún chico, de hecho tenía mas afinidad con mis amigas y primas. A los 18 años tuve mi primera relación lésbica con mi prima de 15 años, duró como 6 meses y terminó porque nuestros padres nos descubrieron, fue una etapa súper dolorosa para mi, me hicieron sentir despreciada, humillada y sucia por querer a una mujer, pasaron los años y no volví a tener otra relación lésbica. Tuve varios novios, uno de ellos por casi 10 años con el que me acostumbré y con el que quise casarme y tener hijos etc. etc. y cumplir con todo lo que esperaba mi familia pero igual yo seguía pensando en mi primera relación. El hecho de estar con un hombre no me había vuelto heterosexual, pero reprimía fuertemente mis pensamientos y mis deseos, evitaba siquiera nombrarlo pues ser homosexual/lesbiana es una condición extremadamente rechazada en mi sociedad.
Gracias a Dios mi relación de tantos años no funcionó porque hubiera sido el error más grande de mi vida el casarme sin amor, solo para dar el gusto a la sociedad.
En ese tiempo estaba en la facultad y conocí al Señor a través de un ministerio estudiantil universitario, yo tenía 26 años, muchas cosas cambiaron cuando Jesucristo entró a mi vida, tuve gozo y paz como nunca antes había tenido, estuve mas de un año súper entusiasmada por estar en la iglesia y de alguna forma evité pensar en la atracción hacia mujeres, en el fondo de mi ser creí que Jesús iba a "curarme", creí que iba a sanarme y liberarme de mi orientación homosexual, esa era mi esperanza pues yo creía que la Biblia condena a la homosexualidad, había leído Romanos 1:26-27 tantas veces ya. Durante 7 años me involucré fuertemente en el ministerio estudiantil, llegué a ser la coordinadora nacional de todas las actividades y la representante de mi país en los encuentros internacionales.
En el 2005 en uno de los encuentros conocí a una misionera americana que estaba como asesora del ministerio estudiantil en Chile, su nombre es Kati, fuimos amigas desde el principio, nos vimos unas cuantas veces en un año dentro de las actividades del ministerio y un día conversamos francamente acerca de lo que sentíamos mutuamente, un sentimiento que era mas que amistad, decidimos cortar toda comunicación y no nos vimos por más de 1 año, recuerdo que oraba por las noches, de madrugada y le pedía a Dios que me cambie, que si El era todopoderoso podría hacerlo, luego de un tiempo como nada cambiaba en mi orientación pensé que tal vez ese sería mi "aguijón en la carne" como dice Pablo, o que sería la cruz para toda la vida y que tendría que llevarla por amor a Cristo. Si, yo amo a Jesús, mi Señor, mi Salvador, por eso quería complacerlo con mi vida, yo pensaba que mi atracción por las mujeres es abominable para El.
Oré, leí la Biblia, lloré y nada cambió....oré, leí, y lloré otra vez y tampoco pasó nada... ¿Qué clase de Dios tenía? ¿Por qué no me respondía? Por que me confinaba a una vida de soledad, acaso yo no tenía derecho también a lo que los otros cristianos tenían? amor, compañía, una familia....entonces busqué otra respuesta fácil, de esas que te enseñan para repetir de memoria, me dije: naciste para ser célibe. el Señor te eligió para ser eunuco del reino....luego estudiando las escrituras me di cuenta que no tenía el don del celibato, o sea no basta con que lo desee, depende del Espíritu Santo, en eso leí lo que decía Pablo acerca de casarse en vez de estarse quemando, pensé que si me casara no me gustaría estar con un hombre, de hecho casarme sin amor es pecado también, le estaría hiriendo a mi prójimo...finalmente empecé a estudiar los textos que hablan de la homosexualidad en la Biblia, tenía muchas dudas y preguntas, contacté con el Dr. Tomas Hanks por email (http://www.fundotrasovejas.org.ar/) y el me puso en contacto con CEGLA (http://www.cegla-argentina.com.ar/). Son muy pocos los textos que se utilizan para condenar la homosexualidad, me di cuenta que durante siglos se han malinterpretado los textos para discriminar a los gays y lesbianas, luego de 6 meses de estudiar las teorías al respecto y orar intensamente me di cuenta que era posible ser gay-lesbiana y cristiana/o y no morir en el intento! de todas formas no me animé en ese momento de decirlo a los 4 vientos, porque la sociedad durante toda mi vida me había enseñado a rechazar tan fuertemente a los homosexuales que yo misma me discriminé, además tenía muchísimo miedo del costo social de salir del closet, además seguía trabajando en el ministerio y Kati seguía haciendo lo mismo en Chile, así que en mayo del 2006 ella le dijo a la directora de la misión que ya no pensaba que la homosexualidad es pecado y el mismo día la comisión directiva le pidió que renunciara como misionera, en un mes vendió todo lo que tenía en su departamento y volvió a los Estados Unidos para hablar con su pastor y con su congregación en Florida pues ellos le habían enviado y les debía una explicación, conversó con ellos y fue invitada a no ir mas a la iglesia, unos meses después en julio yo renuncié a mi trabajo y en agosto nos encontramos en Buenos Aires para casarnos en una ceremonia de bendición con nuestros hermanos de CEGLA, cuando salí me di cuenta de lo difícil que es decir la verdad, muchos amigos cristianos y familiares ya no me hablan, muchos me juzgan y critican, pero unos cuantos reaccionaron positivamente y seguimos debatiendo este tema tan poco hablado en las iglesias.

Como conclusión puedo decirte que Dios escucha nuestra oración, el es bueno y desea lo mejor para nosotros sus hijos/as, solamente que si yo nací con el pelo negro no me hará rubia de ojos azules por mas que se lo pida. El Señor me hizo lesbiana, ahora finalmente después de luchar por 12 años puedo servirle con todo mi ser, ya no vivo dividida, ya no tengo que ocultarme, ahora vivo transparentemente, además me dio una pareja, me dio una comunidad cristiana, y actualmente estoy haciendo una Maestría en Sagradas Escrituras en un seminario teológico muy respetado de la Argentina, pero vivo en un mundo que hace acepción de personas y discrimina por cualquier motivo (raza, nivel social, orientación sexual, belleza, etc.). Sé que Jesús no me prometió que todo sería fácil, pero sí me dijo que estaría conmigo cuando la tormenta pareciera golpear mas.... cuando parece que todo está negro, sé que puedo confiar que él es mi esperanza y que puedo ver el arco iris tras la tormenta en el horizonte.
Dios les Bendiga
Damian Mora - Coordinador de CEGLA
Damian, 26 años, Licenciado en Administración de Empresas.
Mi llegada a CEGLA fue hace tres años. Hoy estoy bien y puedo contarlo. Los años previos, en especial de los 18 a los 23, fueron muy difíciles. Yo vivía en una comunidad bastante cerrada. Mi educación cristiana evangélica fue lo que me marcó desde chico. Si bien todo era perfecto para mí, mis amigos, la familia, la Iglesia, todo eso se derrumbó cuando me di cuenta de mi homosexualidad. Dentro de estos “lugares”, y en especial dentro de la Iglesia, no había espacio para una persona gay. O por lo menos eso era lo que yo creía y había escuchado desde pequeño: que la fe en Cristo y la homosexualidad eran dos cosas incompatibles.
Si bien mi familia siempre estuvo apoyándome y con el paso del tiempo logré recuperar a mis verdaderas amistades, mi relación con Dios era algo que yo creía se había roto para siempre. Desde chico escuché decir que gays y lesbianas no tenían parte en la iglesia del Señor. Hoy gracias al trabajo de CEGLA, y en especial a la ayuda de Marcelo y Marco, sé que eso no es cierto. Todos, sin importar la orientación sexual que tengamos somos recibidos y aceptados por Dios.
CEGLA me ayudó a releer la Biblia desde otra perspectiva, a profundizar en los textos, a diferenciar entre una lectura textual y fundamentalista de la Palabra y una lectura en donde el significado de lo que se dice está totalmente relacionado al contexto en donde fue escrito.
Hoy sé que Dios no me condena, sé que Dios me ama, que me hizo como soy porque tiene un propósito para mí. No solo me acepté como individuo con una orientación sexual diferente sino que aprendí a respetarme, aprendí que hay una manera distinta de vivir mi vida, que hay una manera distinta de ser gay.
Pablo Mingrino - Amigo de CEGLA
“…Porque tu piensas que el tiempo cura y las paredes tapan y no es verdad, no es verdad…” Federico García Lorca.

Hacia 10 años que mis fuerzas se habían acabado, habían pasado 10 años desde aquel día en que en la oficina del pastor se cerraron las puertas de la segunda iglesia, y entonces dije: ¡BASTA! Hasta acá llegue, yo así no sigo mas, no puedo luchar contra la homosexualidad, Dios yo te amo pero perdí, me doy por vencido, ¡Buenas noches!
Y entre a caminar en una larga noche de 10 años, pero no podía hacer otra cosa, no podía mas, cargado de culpas, de frustraciones, no entendía como Dios “me dejaba” tan indefenso ante este “monstruo” llamado homosexualidad, ese día en que baje la persiana, cerré la puerta y le di la espalda a Dios, sabia que dejaba atrás todo, mis amigos, mis hermanos en Cristo, la iglesia, yo era un cristiano modelo, de esos que aparecen en el índice de cualquier libro evangélico, había nacido en un hogar creyente, me creí y eduque leyendo las escrituras, cantaba en el coro, era maestro de escuela dominical, trabaja en los barrios carenciados, atendía la librería de la iglesia, trabaje en la secretaría, hice ayunos, oraciones, vigilias, todo lo que nos enseñan para que Dios me ayude a cambiar, pero la ignorancia me puso entre la espada y la pared, entre mirar a Dios o darle la espalda, y a mi me daba vergüenza mirar a Dios, entonces le di la espalda.
No sabía que Dios era más sencillo de lo que nos enseñan, no era necesario “hacer” nada para que Dios me amara.
A esa altura estaba convencido que si Dios no me ayudaba a vencer y cambiar esto, era porque el había perdido las esperanzas en mi, ya no me quería, ni me aceptaba como hijo, mis oraciones eran “Dios, ya sé que no me querés, ni me escuchas por mi condición sexual, pero yo te necesito”.
El infinito amor de Dios y esta oración hicieron que un día en que estaba aburrido entrando a Internet, navegando en el mundo cibernético, no podía dar crédito a lo que mis ojos leían “CEGLA, cristianos evangélicos gays y lesbianas….” ¿Qué locura es esta?
Esto era la luz de la casa de mi padre en medio del desierto, y hacia allá caminé, tuve una primera charla con Marcelo, el responsable de CEGLA, y salí reconfortado pero no convencido, tenia miedo, yo creía que me iban a ayudar a cambiar, pero no, había algo mejor para mi, Dios tenia preparada una gran sorpresa, tenia para mi la verdad, la verdad que por años y por prejuicios culturales, religiosos, por ignorancia me ocultaron y me castigaron, la verdad de que Dios me ama, y no es un graffiti publicitario de una campaña para conseguir adeptos, es verdad, Dios me ama a mi y a mi sexualidad.
Cuando CEGLA me mostró la verdad de que la Biblia nunca condena la homosexualidad, que se puede ser cristiano y gay y no existes contraindicaciones, ni efectos colaterales, entendí el inmenso amor de Dios que, entre otras cosas, no es prejuicioso y no se fija con quien te acostás.
Después de la primera reunión de los viernes, llegue a casa, tomé mi Biblia, le saque el polvo y la abrí, y allí estaba mi papa, mi amigo, mi Dios y mi creador, otra vez nos volvimos a mirar cara a cara, pude hablarle frente a frente, y decirle lo mucho que lo amaba.
Y parafraseando el texto Bíblico, hoy puedo decirte que conocí la verdad y la verdad me hizo libre, libre para gritar que soy cristiano, libre para orar, para leer las escrituras, libre para vivir mi sexualidad tal como Dios me hizo, y como El me enseño, siempre con responsabilidad y amor.

Me presento, soy Pablo, cristiano y gay.
Rubén - Amigo de CEGLA
Desde que tengo uso de razón, mi vida siempre ha sido algo rara, siempre fui bastante solitario y con pocos amigos, aún desde mi conversión a los 19 donde creí encontrar el lugar exacto para mi e hice de la iglesia mi mundo. Desde esa época hasta los 29, o casi más exactamente en el 9 de Enero del 2001, donde el pastor principal y su ayudante me anunciaban oficialmente que era expulsado de la iglesia Internacional de Cristo debido a mi “Inmoralidad Sexual”. Recuerdo que lo único que pensaba era que estaba mal ante Dios y que ya no me amaba, porque como algunos me decían, “Dios ya me había arrancado de raíz”. Todo ese tiempo fue soledad, insomnio, miedo a morirme e irme al infierno y sentirme culpable por algo que realmente no sabía porqué, ya que la iglesia me hacía responsable por ser algo que nunca había elegido.
Desde los 19 años mi lucha con mi sexualidad fue constante hasta el día que por fin pude poner mi vida sobre el tapete y tomar una determinación: Aceptar mi sexualidad y por sobre todo creer que Dios me creó así, me acepta y me ama así como soy: homosexual.
Haber conocido mi sexualidad para mí fue el principio de liberarme de las cadenas de religiosidad que tantos años me ataron. Pude ver por fin como era mi vida y creer en las cosas que Dios sigue teniendo para mí, me volvió a dar la oportunidad de soñar y de enamorarme, y vaya si me la dio, como parte de ese proceso José llegó a mi vida un 19 de Abril de 2003 y desde ese día estamos más que unidos.
José es para mí un regalo de Dios y la persona más importante que tengo a mi lado en el mundo después de Jesús y gracias a su ayuda pude conocer CEGLA, donde como un gran sueño pudimos casarnos. CEGLA ha sido muy valioso para mí porque aquí pude reconciliar y fortalecer mi relación con Dios.
La religiosidad y la Doctrina nunca supieron enseñarme cuanto Dios me amaba, sino que fue el mismo Dios quien me lo enseñó, con El hoy puedo edificar este matrimonio que llevaos con José y soñar que Dios nos permita caminar juntos el resto de nuestras vidas.
El amor de Jesús me hizo ver que no estoy solo, que hay muchos hermanos y hermanas gays que también se atreven a creer en un Dios que los ama y que los rescata del dolor y de las garras del prejuicio y condenas de otras personas, que no estamos solos y que somos muchos los que nos atrevemos a seguir adelante tomándonos de su mano y aferrándonos de su amor.
Haber sido expulsado de la “Iglesia” por mi condición sexual fue uno de los golpes mas duros de mi vida, seguramente nunca olvidaré la sensación de desarraigo y la orden de que los hermanos no se acercaran a mi ni yo a ellos. Pero como Dios que es fiel y maravilloso en su palabra promete que El sanará todas nuestras heridas y secará todas nuestras lágrimas. Hoy puedo contar esta pequeña historia de mi vida.
En verdad soy un privilegiado, a Dios sea toda la Gloria
Diego - Contacto en Colombia
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