Nuestros Principios
Declaración básica de creencias y práctica
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Creemos en un único Dios, existente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Creemos en Jesucristo como el eterno y único Hijo de Dios[i], Señor[ii] y Salvador[iii] del mundo, el cual se encarnó como hombre en la historia; fue concebido por el Espíritu Santo[iv], nació del vientre de la virgen María[v], vivió en plenitud e integridad, ejerciendo su ministerio en amor y justicia, murió en la cruz, resucitó y fue exaltado a la derecha de Dios el Padre[vi].

Creemos que Jesucristo es perfectamente Dios y perfectamente hombre. Jesús no pareció ser Dios, ni pareció ser hombre, lo era verdaderamente. Una persona: Jesucristo, y dos naturalezas: divina y humana.

Creemos que Jesús es el Mesías[vii] anunciado por las Escrituras Hebreas y esperado por el pueblo de Israel.

Creemos que su salvación es para todos los hombres y mujeres sin distinción de raza o lugar de residencia. Su salvación es cósmica. "El Cristo cósmico es aquel capaz, no sólo de redimir a los seres humanos, sino también quien reconciliará todo el universo y sanará toda la creación."[viii]

Creemos que Jesús vino a instaurar el Reino de Dios en la tierra, y de su praxis y su enseñanza, podemos inferir su concepción de Reino de Dios. Hablar del Reino de Dios es hablar de Jesús mismo. Jesús proclama que el Reino trae una nueva dignidad a los pobres, a los humillados, a los oprimidos, a las minorías sexuales. No les promete riquezas, ni ascenso, ni aceptación social; les conduce al camino de ser parte de una comunidad y del compartir; a ser parte de Su familia y de Su pueblo.[ix]

Creemos que Jesús está particularmente en los pobres, en los oprimidos/as, en los marginados/as, en las minorías sexuales y más allá de su situación socio-económica-cultural, Jesús está en el que sufre, sufriendo con ellos/as. El amor de Dios por nosotros/as abre su corazón al sufrimiento. Porque el que es capaz de amar lo que es distinto de Él, se expone al riesgo de sufrir en todo sentido. Y, a su vez, ese amor lo hace sobreponerse a su sufrimiento.[x]

Creemos que Jesús vino a traer sanación, liberación integral y reconciliación del mundo con Dios. Buenas nuevas a los pobres, sanidad a los enfermos/as, libertad a los cautivos/as y oprimidos/as[xi] y es tarea de la Iglesia continuar con esa misión. Creemos que la Iglesia debe vivir conforme a las exigencias de Jesús, tanto en su conversión radical del pecado, como en la construcción del Reino.[xii]

Creemos que la cruz y la resurrección son un hito clave en la historia de Jesucristo. “El crucificado ha sido resucitado, pero también a la inversa, el resucitado no es otro que el crucificado.”[xiii] El santo amor de Dios conduce a la cruz, como único medio de redención. En la Cruz, Cristo llevó nuestros pecados y sufrió las consecuencias de nuestra culpa.

Creemos que Cristo es la cabeza de la Iglesia, el conjunto de cristianos/as redimidos/as (sus discípulos/as) que reconocen a Jesucristo como el Señor. Sus discípulos/as son aquellos que en amor le siguen, y obedecen.

Creemos que la Iglesia debe resistir los poderes caídos de este mundo por medio de una nueva manera de vivir que manifieste hombres y mujeres liberados/as de dichos poderes, resistiendo la injusticia social y la desintegración de la comunidad mediante la vida en justicia y misericordia, predicando el Evangelio y viviendo como comunidad de adoración.[xiv]

Creemos que Jesucristo volverá a la tierra en forma visible, personal y en gloria. Los muertos resucitarán y Jesucristo juzgará a los hombres y mujeres.[xv]

Creemos que Cristo nos provee el Espíritu Santo, para que podamos seguir su mismo camino, un camino de amor, de servicio y de humildad, no solo con los/las de adentro, sino también a los/las de afuera, a los/las cuales debemos ver como "criaturas hacia las cuales Dios es fiel y a quien Dios amó, ama y amará"[xvi].

La sexualidad cristiana y el pricipio Biblico de integridad

Con respecto a la sexualidad humana: Creemos que Dios nos ama, más allá de nuestra orientación sexual, este concepto no estaba presente en el pensamiento de los autores bíblicos.

Aquellos pasajes que muchos utilizan para condenar a la diversidad sexual son interpretados literalmente sin considerar ni el contexto social, ni los destinatarios, ni la cultura, ni los aspectos históricos-políticos.

Creemos que las conductas sexuales reprobadas por las Escrituras son aquellas vinculadas con la opresión, el abuso, la explotación, la violencia, la idolatría, la adicción. De ningún modo, se condena las relaciones en vínculo de amor, responsabilidad y compromiso mutuo. Nuestra práxis descansa en Mateo 22:37-40.
Pero la aceptación de la homosexualidad como alternativa cristiana no nos exime de la responsabilidad de procurar y sostener ideales cristianos de comportamiento sexual.

CEGLA declara y recomienda el principio de integridad sexual cristiana el cual sostiene que las personas adultas, independientemente de su orientación sexual, expresen su sexualidad con sabiduría y de manera plena en el contexto de una relación monógama y duradera basada en el amor, el compromiso y el mutuo respeto.

En nuestra comprensión toda conducta de seducción, persuasión o sexo que por distintas razones tales como diferencia de edad, experiencia, inteligencia, condición emocional, etc. no fuere materia de mutua responsabilidad o resultare contraria al bien común de las partes debería considerarse en conflicto con el principio del amor al prójimo enunciado por Jesucristo. [xvii]

Desde un punto de vista bíblico positivo, la voluntad de Dios para la sexualidad humana es un real estado en el cual la actividad sexual debería estar enteramente dominada y consagrada por el amor y la mutua devoción que satisface la necesidad humana de compañerismo y pertenencia puesta por el Creador.

Referencias:
[i] Hijo de Dios: Mat. 3:17; 4:3; 14:33; 16:16; 26:63; Mar. 1:1; 3:11; 5:7; 14:61; 15:39; Luc. 1:3; 4:3; 22:70; 3:22; 9:35; 10:22; 1:32; 6:35; 8:28. Jn. 1:13,34,49; 3:18; 6:69; 9:35,37; 10:36; 1:1; 9:7; 13:32.11:4; 19:7; 1ª 3:8; 4:15; 5:5,20, 3:35; 5:19,20; 5:22; 6:40; 8:36; 1ª Jn. 1:3; 2:22; 3:23; 4:10,14; 5:11,12; 2ª Jn. 9:1,18; 3:16. 27:40,43,54; 3:17; 17:5; 11:27; 16:16; 28:19. Rom. 8:3; 29; 32. 1ª Cor. 15:28. Gál. 4:4. Efe. 4:13 y otros.

[ii] Señor: Mat. 7:21; 12:8; 15:22; 24:42; 26:22; 28:6. Mar. 2:28; 5:19; 11:3; 16:19,20. Luc. 2:11; 6:5; 6:46; 9:57; 20:42; 24:34. Jn. 4:19; 11:21; 13:13; 20:20; 20:28; 21:7. Rom. 10:9; 12; 14:8; 9. 1ª Cor. 1:31; 7:32; 11:20; 12:3. Efe. 4:5; 6:7; 9. Fil. 2:5-11; 4:5. 1ª Tes. 4:6; 17. 2ª Tes. 2:2; 3:3; 16. 1ª P. 2:3; 13; 3:15 y otros.

[iii] Salvador: Mat. 1:21, Jn. 4:42; 5:24; 1ª 4:14. Efe. 5:23; 3:20. Luc. 1:69; 2:11; 1:77; 2:30; 19:9.

[iv] Mat. 1:18, Luc. 1:35.

[v] Mat. 1:21-25, Luc. 1:31, 2:6,7.

[vi] Su vida terrenal está atestiguada en los Evangelios, los cuales podríamos decir son “una biografía de Jesús”.

[vii] Mesías: Mat. 1:16; 16:16,20; 26:63,64. Mar. 8:29; 12:25; 14:61. Luc. 2:11; 9:20; 20:41; 22:67.

[viii] Jürgen Moltmann, Cristo para nosotros hoy (Madrid: Editorial Trotta, 1997).

[ix] Ibídem.

[x] Ibídem.

[xi] Luc. 4:16,17 ver también Luc. 10:8,9.

[xii] Sobrino, Jesús en América Latina, 32.

[xiii] Ibídem, 33.

[xiv] John H. Yoder, Jesús y la realidad política (Buenos Aires: Certeza, 1985). 113-115.

[xv] 1ª Tes. 4:14-17, 2ª Tes. 1:7-10 y otros.

[xvi] Karl Barth. Ensayos teológicos (Herder: 1978).

[xvii] Mt 22:34-40.

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