| Masturbación: del estigma a la salud sexual 3- Alfred Kinsey y la comprensión contemporánea de la Masturbación |
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Alfred Kinsey |
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habían masturbado. Entre 92 y 97% de los hombres entrevistados para su estudio de 1948, Sexual Behavior in the Human Male (Conducta sexual del varón), se habían masturbado (Kinsey, et al., 1948, 339). Y el 62% de las mujeres entrevistadas para su estudio de 1953, Sexual Behavior in the Human Female (Conducta sexual de la mujer), se había masturbado y alcanzado el orgasmo. Aunque la masturbación estaba en segundo lugar entre las prácticas sexuales más frecuentes en las mujeres casadas o solteras, era la forma más frecuente de lograr el orgasmo (Kinsey, et al., 1953, 142 - 4). Kinsey también reveló detalles sobre las técnicas de masturbación de las mujeres: 84% de las mujeres se tocaban o estimulaban los labios de la vulva o el clítoris y 10% cruzaban las piernas para ejercer una presión rítmica y constante que afectaba toda la zona. Otras empleaban vibradores o se frotaban contra las almohadas, camas, mesas u otros objetos. Dos por ciento podía llegar al orgasmo a través de la fantasía. Veinte por ciento de las mujeres usaban la penetración junto con otros métodos durante la masturbación (Kinsey, et al., 189). En tanto el público norteamericano había podido aceptar el informe de Kinsey sobre las actividades sexuales de los hombres, no podía aceptar su descripción de las conductas sexuales de las mujeres norteamericanas: masturbarse, tener orgasmos, sexo antes del matrimonio, sexo fuera del matrimonio o sexo con otras mujeres. La iglesia levantó su voz de protesta en todo el país. Por ejemplo, sin leer el trabajo de Kinsey, Billy Graham escribió “Es imposible estimar el daño que va a causar este libro a la ya deteriorada moral norteamericana", y el Senador Joe McCarthy denunció al trabajo de Kinsey como parte de la conspiración comunista (Gathorne-Hardy, 1998, 395, 399). En todo el país, personas con el apellido Kinsey publicaban avisos en los diarios para decir que no estaban relacionadas con el autor (Goldberg, 2001). Finalmente, a causa del furor provocado, la Fundación Rockefeller retiró su apoyo al trabajo de investigación de Kinsey (Gathorne-Hardy, 1998). Los estudios llevados a cabo después de la muerte de Kinsey confirmaron sus conclusiones. En 1969, por ejemplo, investigadores alemanes pidieron a un grupo de hombres que se masturbaran cada cierta cantidad de horas en el curso de dos años; no se encontró evidencia de trastornos físicos o mentales (Phipps, 1977, 189). En 1975, un estudio realizado entre estudiantes universitarios norteamericanos reveló que 84% no creía que la masturbación causara inestabilidad emocional o mental, totalmente contrario a lo que ocurría en las universidades norteamericanas en 1937 (Stengers & Van Neck, 2001, 165). En 1968 y 1969, un colega de Kinsey, Wardell Pomeroy, escribió Boys and Sex and Girls and Sex (Los jóvenes y el sexo y las jóvenes y el sexo). En estas obras se dirigía a los jóvenes respecto de la masturbación, asegurándoles que “no puede causar ningún daño físico, contrariamente a otras creencias, sin importar la frecuencia con que se practica". En efecto, Pomeroy decía que la masturbación era una experiencia "placentera y excitante (...) Permite liberar tensiones y por lo tanto es valiosa en muchos sentidos (...) Representa un escape para la fantasía y para la ensoñación que son características de la adolescencia (...) Por sí misma ofrece una variedad que enriquece la vida sexual del individuo (...) No sólo no es dañina sino que es positivamente beneficiosa y saludable y debe ser alentada porque ayuda a los jóvenes a crecer sexualmente de forma natural" (Pomeroy, 1968, 48 - 58). Finalmente, la comunidad médica norteamericana declaró que la masturbación era normal en la publicación de 1972 de la Asociación Médica Norteamericana, Human Sexuality (Sexualidad humana) (Rowan, 2000, 126). A pesar de los hallazgos de los sexólogos y psicólogos que comenzaron a tratar a la masturbación como una conducta normal, algunas instituciones religiosas prominentes se han negado a reevaluar sus principios del siglo IV para reducir el estigma con el que han marcado a esta conducta. En 1975, por ejemplo, la Congregación Católica Romana para la Doctrina de la Fe en su Declaration on Certain Questions Concerning Sexual Ethics (Declaración sobre algunas cuestiones relacionadas con la ética sexual), declaró: Esta opinión contradice las enseñanzas y las prácticas pastorales de la Iglesia Católica. Con distintos argumentos de naturaleza biológica y filosófica propuestos por los teólogos, tanto el Magisterium de la iglesia, siguiendo su tradición, como el sentido moral de los creyentes, han sostenido sin dudarlo, que la masturbación es un desorden intrínsico serio. . . . cualquiera sean las motivaciones para actuar de esta manera, el uso deliberado de las facultades sexuales fuera de la relación marital esencialmente contradice los fines de tal facultad (Stengers & Van Neck, 2001, 168). Por supuesto, las instituciones religiosas no están solas en los esfuerzos contemporáneos por mantener el estigma contra la masturbación. Más recientemente, en 1991, el Dr. Melvin Anchell, afiliado a una organización que se opone al aborto, la American Life League (Liga norteamericana por la vida), continuó publicando desinformación alarmista sobre la masturbación, diciendo que puede provocar disfunciones sexuales como la “ninfomanía” (Anchell, 1991). Un grupo de investigadores concluyó en 1994 que la mitad de las mujeres y hombres adultos que se masturban se sienten culpables por hacerlo, lo que demuestra que los antiguos estigmas contra la masturbación aún están vivos y afectan a mujeres y hombres (Laumann, et al., 1994, 85). Otro estudio de 2000 concluyó que los jóvenes adolescentes todavía sienten miedo de admitir que se masturban (Halpern, et al., 2000, 327). En casi todo el mundo, la masturbación es una práctica aprobada o tolerada en los bebés y niños pequeños, tolerada o levemente condenada en los adolescentes, pero ridiculizada o condenada en los adultos (Rowan, 2000, 80). En realidad, se considera que la masturbación desempeña un papel esencial en la evolución del sistema de respuesta sexual de los seres humanos durante la infancia, la niñez y la adolescencia (Calderone & Johnson, 1981, 26), y es estimulante y beneficiosa para los adultos (Rowan, 2000). La masturbación en la infancia La masturbación en la niñez Es común que durante la infancia, los niños
y niñas tomen conciencia de la actitud que tienen los padres con respecto
a los juegos sexuales de los hijos y esta actitud ejerza influencia sobre
ellos (Masters, Johnson, & Kolodny, 1986, 127). Cada vez en mayor medida,
los expertos reconocen que la forma en que los padres responden a las prácticas
de masturbación de los hijos afectará la forma en que los niños
se sientan con respecto a sí mismos y a sus conductas. Los expertos
sugieren a los padres que permitan a sus hijos disfrutar las prácticas
de masturbación sin hacerlos sentir mal o culpables. Se recomienda
a los padres que, cuando encuentran a los niños acariciándose
sus órganos sexuales, utilicen la oportunidad para enseñarles
que la masturbación es una actividad de la vida íntima: Los educadores y psicoterapeutas dedicados a la educación sexual señalan que la preocupación de los padres debe centrarse en el contexto adecuado en lugar del acto en sí. Advierten que una de las principales causas por las que las personas no logran alcanzar la satisfacción sexual durante su vida adulta, es interferir con el descubrimiento que realizan los niños de su propio cuerpo como fuente de placer a una edad temprana (Calderone & Johnson, 1981, 27). La masturbación en la preadolescencia y en la adolescencia La masturbación en la vida adulta Las personas que tienen una pareja sexual estable, viven con su pareja sexual y/o están casadas muestran más probabilidades de masturbarse que las personas que no tienen pareja sexual o viven solas (Michael, et al., 1994, 165). Esto refuta la teoría de que masturbación en la vida adulta indica fracaso sexual por falta de capacidad para encontrar una pareja sexual o que la masturbación es una conducta exhibida solamente por las persona que no tienen pareja o se privan de la vida sexual por otro motivo. Las principales razones que dan los adultos para explicar su masturbación son la de aliviar la tensión sexual, obtener placer físico, obtener placer sexual cuando la pareja no está disponible y como forma de relajación (Laumann, et al., 1994, 86). En los adultos mayores, la masturbación puede servir como fuente principal de expresión sexual, especialmente cuando su pareja está enferma o ausente por muerte o divorcio (Crooks and Bauer, 1983, 261). Beneficios de la masturbación para la salud *aliviar el estrés La masturbación en el tratamiento de la disfunción sexual Culpa y masturbación Aunque se han desacreditado la mayoría de los mitos relacionados con la masturbación, el estigma continúa y muchos se preocupan por masturbarse "demasiado". En general, no existe la masturbación excesiva, salvo que resulte sintomático de trastornos obsesivo compulsivos. Los síntomas de este trastorno se manifiestan como conductas reiteradas que insumen tanto tiempo que interfieren con la rutina normal, las ocupaciones, la vida social y las relaciones de una persona (APA, 1994, 417 - 9). Las conductas repetitivas que se asocian más comúnmente con los trastornos obsesivos compulsivos que con la masturbación, son lavarse las manos, contar, verificar si todas las llaves de la estufa u otro aparato están apagadas y la limpieza excesiva (APA, 1994). Las conductas llevadas a cabo para evitar o para reducir la ansiedad y el estrés, incluyendo la masturbación, no se consideran sintomáticas de un trastorno salvo que interfieran con la vida diaria, personal y/o profesional de una persona y le impidan el cumplimiento de sus compromisos y responsabilidades. (Crooks and Bauer, 1983, 258; Moglia and Knowles, 1997). La masturbación: una opción sana y responsable |
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