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Nos apabulla la incapacidad que estas personas tienen para abrir sus mentes
y siquiera permitirse cuestionar sus propias convicciones.
Ni hablar de su falta de identificación con el sufrimiento del homosexual oprimido por su discurso homofóbico.
Sabemos que por encima de la lectura "literal" que hacen de las
Escrituras está su propia ignorancia, desconocimiento y prejuicios
acerca de la realidad homosexual. Pero el problema no se remite a la esfera
de la homosexualidad sino que, por el contrario, abarca todo el espectro de
la sexualidad humana incluyendo las actividades sexuales que tienen lugar
dentro del matrimonio.
Si hay algo que tenemos que convenir es que el cristianismo temprano fue el culpable de generar una concepción del sexo y la sexualidad tremendamente negativa que fue tomando forma a lo largo de los siglos y que recién vino a ser cuestionado, al menos en parte, por el revisionismo protestante. Esa concepción de lo sexual que no tiene prácticamente sustento en Escrituras Hebreas ni en su praxis, sino que se nutrió de fuentes ajenas, ha influenciado el pensamiento cristiano de tal manera que aún hoy, en el siglo XXI, nos vemos obligados a confrontar una mentalidad sexual retrógrada que cree basarse en la Biblia pero que en realidad no encuentra en ella mayor fundamento. |
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En primer lugar, señalaba enfáticamente que las relaciones
sexuales dentro del matrimonio debían ser exclusivamente para la procreación,
lo cual vendría a ser una inevitable necesidad. La actividad
sexual más allá de esta necesidad sería indeseable
aunque potencialmente “perdonable” sólo dentro del matrimonio,
aunque deja bien claro que también existe otra clase de actividad sexual
conyugal más grave que además es “contraria a la naturaleza”.
En un asunto tan especial como la ética sexual y la sexualidad, la lectura de la Biblia siempre está supeditada a un variado arreglo de presuposiciones culturales que influencian la forma de interpretación que hace la iglesia. En nuestro caso esas presupoiciones tienen que ver con lo bueno o lo intrínsicamente maligno del placer sexual.
Agustín se basa en la presuposición de que el placer sexual es malo y que sólo debe restringirse a la necesidad de engendrar hijos.
Luego, toda forma de placer sexual no-procreativo, incluyendo la homosexualidad,
queda excluido. Aunque el placer dentro del matrimonio puede ser perdonado
por tratarse de un pecado venial, en muchos textos, Agustín, insiste
en que Adán y Eva, antes de pecar, debían haber procreado mediante
una forma de actividad sexual diferente a la que conocemos nosotros y que
antes de la Caída los varones podían controlar la erección
y la eyaculación en forma voluntaria de modo que el acto sexual se
realizaría a través del depósito del semen en la mujer
de una manera desprovista de pasión y sin producir disturbios
en el himen (La Ciudad de Dios, 14.26). Para Agustín
la correcta sexualidad antes de la Caída sería no sensual, es
decir, libre de deseo lujurioso y esencialmente racional. La discusión
más extensa la realiza en el libro 14 de La Ciudad de Dios donde
para explicar que el sexo debe ser sólo para la procreación
se apropia de la denominada "metáfora de la agricultura" creada
por Platón[1]
y tomada luego por Filo de Alejandría (Filósofo Hebreo
contemporáneo de San Pablo)[2]
Clemente de Alejandría y otros padres de la Iglesia.
La metáfora utiliza una analogía entre la procreación
y la siembra de semilla en un campo fértil con la finalidad de la cosecha. El
argumento sostiene que no tiene sentido sembrar semilla en una tierra estéril
donde no se puede producir cultivo. Luego tampoco tiene sentido que un hombre
"siembre" su semilla/semen donde no puede crecer, incluyendo en
la lista el vientre de una mujer estéril o el ano de un jovencito (según
Clemente, refiriendo a la pederastia en su lectura de Romanos
1:27). Según Platón, Filo y Clemente, entre otros, el
semen debe ser sembrado en la mujer solo cuando puede ser potencialmente
embarazada.
En una carta del Papa Gregorio I llamado "Magno" a fines del siglo
VI se contrasta el placer del acto sexual con los dolores del parto explicando
que el defecto no está en el dolor sino en el placer. Con el paso del
tiempo en el siglo XIII la idea negativa del placer sexual de Agustín
fue incorporada por Santo Tomás de Aquino recibiendo su aprobación
en su famosa Summa Teologica[3]
donde dice que el placer sexual es malo porque oscurece y obstaculiza la razón
aunque es permisible dentro del matrimonio para los fines de la procreación.
Aquino coincide con sus predecesores en cuanto a que el placer sexual físico
es el resultado del pecado de Adán y Eva y aunque no es malo en sí
mismo es una consecuencia del mal. Esta teología es la base de la doctrina
del celibato de los sacerdotes y de la prohibición de la contracepción
que en el día hoy incluye también el uso del preservativo.
Aquino ignora totalmente el argumento de Pablo en 1 Co. 7 en cuanto a que
el placer sexual puede ser una razón suficiente para contraer matrimonio
y evitar las relaciones extramatrimoniales lujuriosas. Aparentemente
Aquino no logró compatibilizar su teología con el pensamiento
de Pablo sobre este punto. La procreación era considerada como el "uso
natural" del sexo mientras que los actos sexuales no procreativos eran "vicios
antinaturales" aún más pecaminosos que el incesto y la
violación, ya que estos, al menos, podían producir descendencia.[4]
Pero hubo ciertos padres de la Iglesia que fueron aún más extremistas, tanto por su odio al placer sexual como su misoginia al punto de culpar a las mujeres por los deseos lujuriosos de los varones. Atenágoras, por ejemplo, negaba el matrimonio a los viudos y viudas porque consideraba que tal casamiento era adúltero y lascivo. También había filósofos extremistas como Epicúreo y Lucrecio que pensaban que hasta la procreación era innecesaria. Claro que otros filósofos eran un poco más moderados. Los filósofos, especialmente los platonistas, vinculaban el placer sexual con la falta de racionalidad. El impulso sexual era considerado esencialmente irracional al punto que para procrear la persona debía someterse a una forma de humillación de la razón.
Gracias a la influencia de la filosofía griega, el cristianismo se
apoderó de un ideal sexual pagano el cual convirtió en norma
para sus iglesias al servicio de una severísima castidad impuesta para
todos y pasando por encima de las mismas escrituras tanto Hebreas (A.T.)
como del Nuevo Testamento (N.T.) .El concepto paulino de la "carne"
como opuesto al Espíritu se fue restringiendo casi exclusivamente a
la esfera de lo sexual en un grado tal que hasta en el día de hoy los
cristianos son propensos a identificar la sexualidad casi exclusivamente con
los pecados de la carne. Es cierto que los padres de la iglesia también
fueron críticos contra la codicia, la glotonería y los
deseos de poder, pero la sexualidad tuvo un lugar especial de oprobio en toda
la literatura patrística y mucho más letra que cualquier otro
tema.
Resumiendo, la concepción diabólica del placer sexual nos ayuda a comprender la etiología de la política de las iglesias en materia de sexualidad.
Dura tarea será tratar de sacarlos de su error.
Referencias
[1] Platón Leyes 838d-839a
[4] Summa Teologica 2.2.154.12
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