El uso de la Biblia como Guía Moral en nuestra época (2da parte)

4- La Actitud frente a la Esclavitud:

Antiguo Testamento:

El favor que se demuestra a personajes tales como Abraham, David ó Salomón se hacía en parte evidente por sus posesiones las cuales incluían a sus esclavos.

Es cierto que algunos esclavos podían llegar a ascender en su servicio. Encontramos un ejemplo en el reclamo de Abraham para tener un hijo: "Mira que no me has dado prole y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa". De todos modos el esclavo permanecería como tal y podía ser aún utilizado para todo servicio. En tanto las palabras de Sara a Abraham: "Jehová me ha hecho estéril, te ruego pues que te llegues a mi sierva (literalmente mi esclava) quizás tendré hijos de ella" (Gn.16:22). Mas adelante cuando Sara tiene su propio hijo con Abraham abandona a la esclava junto con la criatura a su propia suerte ¡expulsándolos al desierto!
En algunas ocasiones la esclavitud era una forma de castigo para que los ladrones compensaran a sus víctimas por lo sustraído. La fuente más importante para la provisión de esclavos eran las guerras donde los prisioneros capturados eran frecuentemente vendidos como tales.
Tratamos de mostrar cuan integrada estaba la esclavitud en la sociedad israelita, cuan aceptada era y cómo se la interpretaba como aprobada por Dios. Esto se pone en evidencia por el hecho de que además la esclavitud estaba directamente asociada con la vida en el Templo de Jerusalén. La mayoría de los esclavos eran extranjeros y estaban divididos en dos categorías: los esclavos del Rey y los esclavos del Templo.
Habrá que considerar que la esclavitud en Israel parece no haber sido tan abusiva como lo fue en otras naciones de la antigüedad.

Nuevo Testamento:

La esclavitud no es condenada en ninguna parte del Nuevo Testamento aún cuando este comienza con la proclama del Reino de Dios que trae justicia sobre las instituciones humanas. Cuando Jesús anuncia las buenas nuevas de libertad para los cautivos (Lc. 4:18) está incluyendo una crítica fundamental de la esclavitud y del orden social en el que las personas viven alienadas unas con otras.
San Pablo, el apóstol cuya enseñanza e interpretación del mensaje de Jesús ha venido a constituir la base sobre la cual se funda la Iglesia Cristiana parece no haber comprendido las connotaciones del mensaje de liberación de su Maestro y Señor.
Debemos admitir que hubiera sido poco realista para los primeros cristianos pretender terminar con el sistema de la esclavitud en un ambiente tan hostil. Pero sí podrían haber puesto fin a la esclavitud dentro de su propia comunidad, cosa que jamás hicieron.
El deplorable hecho de que la esclavitud continuara vigente en los países cristianos hasta hace poco más de un siglo se debe en buena parte a la inhabilidad de Pablo en interpretar a su Señor y de levantarse por encima de las creencias y los prejuicios de su época.
La Iglesia como fuente de principios y enseñanza moral fue totalmente silenciosa e incompetente fundamentalmente porque su libro de guía moral, es decir La Biblia apoyaba tácitamente el comercio de esclavos.
Paradójicamente los primeros oponentes a la esclavitud se inspiraron en la misma fe cristiana, es decir en la vida y en las enseñanzas de Jesús.
Durante siglos muchos cristianos se enriquecieron con el tráfico de esclavos. Si tan sólo San Pablo hubiera dado el primer paso, seguramente la historia hubiera sido muy diferente. Vergüenza para Pablo y vergüenza para la Iglesia.

La Autoridad de La Biblia en el Día de Hoy:

En relación a algunas leyes específicas tanto como a algunas actitudes, una cuantas enseñanzas de La Biblia ciertamente han dejado de ser aceptadas.
¿Podremos encontrar un criterio razonable que nos ayude a decidir cuando es aceptable, necesario o deseable actuar en una dirección que se presenta contraria a la enseñanza de La Biblia o sostener puntos de vista que son antagónicos con el pensamiento de sus autores?
Creemos que existen ciertas líneas que nos pueden servir de guía pero en última instancia nuestra responsabilidad personal delante de Dios resultará prácticamente inevitable.

- En primer lugar sabemos que Jesús mismo rechazó muchas de las tradiciones y enseñanzas en las que él mismo había sido educado. De acuerdo a lo que leemos en el evangelio existen unos cuantos grupos de leyes rechazadas por Jesús.
Las mismas incluyen las leyes acerca de los alimentos puros e impuros, mezclarse o comer con los gentiles, la observancia del día de reposo que Jesús quebrantó repetidas veces, el crimen y el, la circuncisión, el divorcio, entre otras.
De estos ejemplos resulta claro que Jesús estaba siempre interesado en el principio del amor subyacente en la ley y no en la letra de la ley.
La mayoría de los líderes religiosos estaban tan interesados en la interpretación estrictamente literal que era mas importante el día de reposo que sanar a un enfermo
Basándonos en la actitud de Jesús nosotros podemos también contar con su autoridad para rechazar aquellas demandas de la ley que estén en conflicto con sus enseñanzas.
Si las leyes del Antiguo Testamento están en desacuerdo con las enseñanzas de Jesús, luego tendrán que ser rechazadas o tenidas en cuenta sólo como asuntos secundarios.
Correspondería al lector en todo caso decidir que es lo que eventualmente está en conflicto con las enseñanzas del Maestro.

- En segundo lugar es importante destacar que nuestro conocimiento actual a diferencia de lo que ocurría en la antigüedad no se basa exclusivamente en la comprensión que proviene de Dios. De hecho la comprensión que hoy tenemos del mundo que El creó creció y evolucionó a lo largo de la historia
La Iglesia, como cualquier otra institución tiene que aprender de los nuevos descubrimientos y avances en el conocimiento y en consecuencia ir modificando su enseñanza y comprensión cuando fuere pertinente.

- En tercer lugar tenemos que reconocer que el concepto que los autores bíblicos denominan "Ley Natural" no tiene sustento razonable en el día de hoy.
En el concepto moderno de jurisprudencia el concepto de ley natural ha dejado de tener peso. El enfoque de la lógica positivista considera que existe una tendencia en las sociedades humanas para formular reglas y guías de conducta que surgen a partir del concepto relativo de lo que "justo" o "injusto". No es extraño que en las distintas épocas y culturas exista muy poca concordancia en los puntos específicos de estas leyes.
Jesús creía firmemente que el amor y la justicia constituyen los pilares sobre los cuales se inspira y fundamenta todo el Antiguo Testamento
Dios nos ha proporcionado inteligencia y sensibilidad para ver y pensar acerca del mundo que nos rodea y ayudarnos a decidir lo que debemos creer y lo que debemos hacer. Algunas veces podremos cometer errores, pero aún así no podemos evadir nuestra responsabilidad al respecto.

La Ley del Amor:

Cuando el doctor en la ley le pregunta a Jesús cual es el más importante mandamiento el Señor brillantemente resumió toda la ley en el mandamiento del amor. Precisamente porque toda la esencia de la ley se cumple en "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... y amarás a tu prójimo como a ti mismo, en estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mt. 22:37-40).
En línea con la mejor enseñanza rabínica, Jesús nos está diciendo que en realidad existe una única ley, la Ley del Amor.
Lo dijo explícitamente en la última cena: "Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado" (Jn.13:34).
El amor es el fundamento mismo de la vida cristiana. A pesar de esto, Jesús no estaba tirando totalmente por la borda las leyes antiguas para reemplazarlas por su propia versión. En realidad el se vio a si mismo como el cumplimiento de la ley mas que como el reemplazo de la ley: "No he venido para abrogar - la ley - sino para cumplir... porque ni una jota ni una tilde pasará de la ley hasta que todo se haya cumplido"
Pero sin lugar a dudas volvemos a remarcar que su ética fue una ética de principios y no de mandamientos y leyes. Y el principio dominante fue siempre el del amor en última instancia al punto que San Pablo no dudó en aceptar esta característica fundamental: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, pero el mayor de ellos es el amor” (1°Cor. 13:13)
Tal como señalamos, no disponemos de un conjunto absoluto de criterios para juzgar cuando es correcto o cuando no es correcto actuar de una manera contraria a la enseñanza de La Biblia. Ningún cristiano vive en la actualidad el estilo de vida de las personas del primer siglo y menos del siglo X AC en cuanto a sus costumbres sociales y culturales. Sería absurdo que así fuera. Lo que debemos hacer es juzgar cada texto de la Biblia en forma responsable y decidir siguiendo la dirección que leemos en la segunda epístola de San Juan: "Este es el mandamiento, que andéis en amor como vosotros habéis oído desde el principio".
La ley del Amor se aplica a todas las relaciones humanas y el valor ético y moral de una relación basada en ella no depende del género de las personas involucradas sino de la calidad y profundidad de la misma.

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