Nuestros Fundamentos
¿Qué es lo que creemos y qué es lo que predicamos?
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Durante muchos años la posición de muchos de nosotros con respecto a la homosexualidad desde la perspectiva cristiana era la misma que tradicionalmente ha venido enseñando la iglesia a lo largo de varios siglos, la cual nunca antes había sido revisada y que está basada en la lectura literal de la Biblia.
Como resultado de la inquietud personal de varios de nosotros, decidimos investigar sobre este tema recurriendo a la literatura

disponible de académicos reconocidos en materia de Biblia e historia Judeo-Cristiana, de la psicología y de las ciencias sociales.
Encontramos que desde mediados del siglo pasado, muchos pasajes que suelen utilizarse para condenar la homosexualidad comenzaron a ser revisados y las conclusiones de esos estudios son sorprendentes.

Nuestra conclusión es la siguiente:

1- Lo que hoy entendemos por orientación sexual, era un concepto que escapaba totalmente a la comprensión de los autores bíblicos y de su cultura. En esos tiempos ni siquiera existía una palabra para designar al homosexual o a la homosexualidad.
De hecho, la palabra "homosexualidad" se acuña a comienzos del siglo XX.

2- Las referencias bíblicas que condenan conductas sexuales entre hombres están siempre vinculadas a contextos de abuso, explotación, violencia, idolatría y/o promiscuidad. Lo que se condena en todos los casos es siempre este tipo de comportamientos que hacen daño a quien los practica y a aquellos con quienes se practica.

3- No existen referencias bíblicas que condenen relaciones serias y responsables entre personas del mismo sexo fundamentadas en el amor y mutuo compromiso.

Por lo tanto para la Biblia la orientación sexual es un asunto moralmente neutro y la ética sexual correspondiente es simple: las relaciones homosexuales deberían establecerse siempre en el marco del amor y el compromiso de ambas partes.
Las relaciones irresponsables, abusivas o promiscuas, todas aquellas que puedan causar algún daño a uno mismo o a otra/s persona/s, ya sean homosexuales o heterosexuaesl, son reprobables porque no se corresponden con el principio evangélico del amor al prójimo, sobre el cual, según Jesús (Mateo 22:37-40) descansa toda la ética cristiana.

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